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IGOR

No es fácil hablar de Igor. Siempre me preguntan por él y por lo general respondo de la misma manera. ¡Es un cajón compostero! Pero no es eso…bueno sí…pero no. ¡Uy es complicado! No crean que no sé qué contestar, quizás mi problema es no saber cómo.

Sí prometes no juzgarme, te cuento quién es. Si estamos de acuerdo, sigo… ¿Te parece? Pero primero cerrá los ojos del adulto porque te invito a mi imaginación.

¡Igor es mi amigo! Lo conocí hace algunos años atrás cuando estaba yendo a la casa de Marta, una clienta que nos había comprado una de nuestras mezclas: Ras el hanout. Un blend muy aromático que se usa generalmente en la gastronomía de Marruecos. Mi Kangoo era lo más parecido a un camello cargado con bolsas de arpillera atravesando el desierto llevando una carga muyyyy aromática. Camino de cintura era mi ruta y en cada semáforo que paraba, veía cómo una nube aromática e invisible del blend se metía en el interior de los autos cercanos a mí. La cara de los ocupantes lo decía todo. Estaban desconcertados y lo notaba porque los veía por el espejo retrovisor de la Kangoo.

En camino de cintura suelen vender pallets usados. Por lo general se apilan unos sobre otros y hay de todos los tipos. Unos grandes y hermosos de color azul que se usan para logística y otros más pequeños. Hay de todos los tamaños.
Quería comprar uno y la pila que estaba viendo era enorme, por lo menos 15 pallets había. Vi uno impecable, pero cuando me dirigía hacia él escucho…

.-pssss señor…señor.

Alguien me llamaba y por más que buscara no había nadie cerca de mí.
.-pssss señor…señor, acá…Acáaaaaaaaaa.

De pronto me doy vuelta y descubro que debajo de la enoorrrrrrme pila de pallets había uno más chico, como desvencijado y sucio y ¡me estaba hablando! Me froté los ojos…los abrí y ¡seguía hablándome! Respiré hondo y fui hasta él y allí comenzó mi amistad.

Igor es su nombre y había llegado al puerto de Buenos Aires proveniente de Algeciras en España. El viaje había sido largo y cargaba sobre sí, bolsas de comino proveniente de Siria. Me dijo que estaba cansado y que quería dedicarse a otra cosa. Hablamos por quince minutos y le conté que usaba las maderas de los pallets para hacer cosas que me gustaban.

Así fue que o llevé. Lo cargué en la Kangoo y apenas lo subí se emocionó. Los aromas del Ras el hanout lo llevaron hasta Marruecos. Me contó que en el viaje conoció a Azra, una caja de madera hermosa y lustrada con un perfume a roble increíble. Parece que se bajó en Brasil y nunca más supo de ella. ¡Se había enamorado!

Durante el viaje de regreso a casa hablamos de todo, le hablé de mis viajes, de Niña Federica y él de su historia pasada y fue justamente en un semáforo que le conté de mi proyecto de cajón compostero. ¡Le encantó! Y así nació un nuevo Igor.

Y cada noche estrellada salgo al jardín de casa, enciendo un pequeño fuego en mi oráculo parrilero y con Igor nos sentamos a ver cómo las chispas nos llevan alto, muy alto en un viaje imaginario en busca de Azra.

Y Gabriela, bueno ella me mira a través de la ventana y con un grito me dice.

.- ¡Diego dejalo ir a dormir a Igor que mañana se anda quejando de que no pudo hacer la digestión!

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