La lágrima de Cardamomo

Cuentan algunas historias de viajeros, que una vez hubo una joven Reina, que gobernaba la ciudad de las “mil riquezas”. Nada podía faltarle ni a ella, ni a sus habitantes. Todos tenían aquello que deseaban. Sin embargo, en cada noche luego de acostarse y cerrar sus ojos, una pequeña lágrima comenzaba a rodar por las mejillas de la joven Reina. En su recorrido, la lágrima, sin detenerse, se desplazaba por todo su rostro. Luego de un pequeño descanso en su barbilla, continuaba su habitual camino hacia la otra mejilla, para finalmente terminar en sus labios. Nadie en el reino, lograba entender que estaba sucediendo con la Reina. Todos se preguntaban ¿Cómo era posible que en la ciudad de las Mil Riquezas, no fuera posible detener una simple lágrima? También cuentan estos extraños viajeros, que más allá de las cumbres nevadas del Cordón Imperial, un Rey que gobernaba un pequeño poblado, se había enamorado de una joven Reina. Pero su amor había sido prohibido por el consejo de ancianos. Tu destino está sellado – solía decir el más viejo de los ancianos. ¡Deberás casarte con una mujer de tu pueblo, porque así está escrito en los libros sagrados del reino! El joven Rey, era querido por su pueblo, porque había roto muchas de las creencias, a las que sus habitantes eran sometidos. ¡Solo sería aceptada esa unión cuando del rostro de la Reina cayeran lágrimas de Cardamomo! Al finalizar el día, el Rey se retiraba a sus aposentos, para luego de acostarse comenzar un viaje a través de sus sueños hacia la mejilla de la joven Reina. En su alegría, aquella derramaba una pequeña lágrima. El joven, entonces, acariciaba delicadamente con sus manos, su rostro, yendo de una mejilla a la otra, para finalmente sellar su amor con un beso en sus labios. Muchos años pasaron y cuentan que un día, al despertar cada uno en su lecho, encontraron en sus manos una pequeña vaina de cardamomo, y así finalmente los dos reinos pudieron unirse a través del amor de una reina y un Rey. Esa lágrima fue el precio pagado por un amor prohibido. Desde entonces y para recordar que el amor se sostiene con paciencia y esfuerzo, se agrega el fruto del cardamomo en una taza de té negro que beben los enamorados.

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